¿Quién es el más libre de todos los mexicanos?

Al hablar de un ciudadano libre podemos dar ejemplos específicos
acorde al contexto en el que se viva, sin embargo para hablar del
individuo ejerciendo la libertad no es primordial mirar tanto lo externo ya
que esta se nutre de principios básicos que habitan en cada persona
independientemente de su momento en el tiempo. A lo largo de la
historia hemos tenido gran cantidad de ciudadanos libres que han
logrado cambiar el rumbo de la historia en diferentes escenarios, todos
actuando bajo regímenes distintos y diversos contextos, sin embargo
encontramos un común denominador y es que todos estos han
demostrado estar dirigidos por una serie de principios y virtudes que
reunidos subyacen a un solo concepto, el amor.

Es necesario brindarle herramientas al ciudadano para facilitarle la
acción que deberá llevar acabo para luchar contra las problemáticas
sociales, políticas y culturales que se viven en su país y con esto poder
llevarlo a una plena vivencia de la libertad, sin embargo nunca será
suficiente instruir con gran cantidad de información y armas a este
ciudadano para lograr que ejerza su libertad puesto que si el ciudadano
carece del amplio y complejo pero a la vez sencillo concepto
mencionado anteriormente no le bastará ni toda la sabiduría y poder del
mundo para verdaderamente ser libre y ejercer su libertad.

El ciudadano no podrá ser libre y será prisionero del mundo mientras
siga buscando la libertad en lo exterior y no en lo interior. Existen
prisioneros más libres que los carceleros que los custodian; bajo esta
afirmación hago un llamado al hombre a buscar dentro de sí su libertad
puesto que esta no se otorga ni se despoja por terceros sino que radica
en el mismo ser. El hombre deberá reencontrar su verdadera naturaleza
puesto que solo encontrando su origen y su destino podrá empezar el
camino a ser libre, y el camino de la libertad involucra una lucha
completamente opuesta a las ideologías que nos han vendido en la
actualidad. La lucha por la propia libertad comienza con vencerse a sí
mismo, dominando toda clase de afecciones desordenadas, en pocas
palabras renunciando al mundo viviendo una indiferencia ante las cosas
del mundo dado que no existe hombre más cautivo que el cautivo de sí
mismo. Por indiferencia no refiero a ser individualista o perder la
solidaridad ante las cosas trascendentales si no de liberarte de toda
materia intrascendente o que resulta ser una barrera para la plenitud del
hombre, de renunciar a todo aquello que no suma para el logro de
nuestro más profundo fin.

Por ello son muy pocos los individuos que han logrado vivir la libertad,
ya que la vivencia de la libertad implica el desarrollo de una serie de
virtudes que llevan al perfeccionamiento del hombre a través de
renuncias a afecciones que complacen la carne de los hombre pero
apagan y endurecen el corazón del mismo.

El principal problema que ha hecho al hombre alejarse de su naturaleza
y uno de los principales retos a sobrellevar es el bombardeo constante
que reciben los jóvenes sobre la falsa plenitud que dará gozar de los
bienes del mundo. Nos vemos atacados en todo lugar en todo momento
con mentiras y verdades tergiversadas que si no tenemos nuestros
pilares bien marcados fácilmente terminaremos adorando ídolos que
nos llevan a la esclavitud.

No basta con decirle al hombre “te están engañando, eres esclavo” ya
que aún viviendo bajo esta falsa libertad el hombre es capaz de
encontrar consuelo con pequeñas dosis de alegría que debido a que no
se ha experimentado la verdadera plenitud y nos han vendido una falsa
felicidad caemos fácilmente en la idea de que somos felices. Nos basta
con decir “estoy feliz” pero pocos decimos “soy feliz” y entre ser y estar
existe un salto cualitativo enorme. Necesitamos personas que con su
ejemplo nos enseñen los verdaderos frutos de vivir la indiferencia a las
cosas del mundo y de la vivencia del amor. Solo con ejemplos de
hombres que viven el verdadero encuentro de la carne y el espíritu en
plenitud seremos capaces de encontrar hasta en el más pobre de los
seres esa felicidad que irradia y contagia a la que yo le llamaría
Santidad y decir “¿Por qué esa persona con todas sus carencias goza
esa plenitud, que tiene el que no tenga yo?, quiero eso”. Solo aquellos
que han abandonado el mundo para gozar de los bienes no materiales
nos pueden mostrar con su ejemplo y nos darán razones para querer
vivir esa lucha pues en ellos veremos la verdadera consecuencia de
dejar de lado el mundo, dándole lugar al espíritu.

Ensayo realizado por Leonardo Sicilia Orozco.